del instante
y su engaño.
Diciembre 2014
Castelldefels (Barcelona)


Con la tarde
oscurece el patio.
Y el mar,
a lo lejos y como tantas cosas,
ahí. Sin dejarse ver.


Los días de vino y rosas
tienen un tiempo que es su tiempo.
Y ahí, en ese su tiempo,
no se da el exceso,
ni el marchitar,
tampoco el mal beber.
Te vas a dejar llevar.
Con los ojos bien abiertos
esperas el momento,
la lanzadera anhelada
y también, valga decirlo,
algo temida.
Y el torrente baja seco.
Improviso, con permiso,
una forma de parar,
un no rendirse, pero casi.
Me retienen unas notas
con aires de saudade
que no sé si me hacen más débil,
si cabe.
Ocurre
que, a veces,
el atajo es el camino más largo.
Ocurre
que, a veces,
llegar antes no es llegar a tiempo.
Aún nos queda,
por cuánto tiempo,
la limpieza de un deseo
que, a saber cómo, compartimos.
Cuánto temor acumulado
como quien acumula
algo que valga la pena.
No es posible mayor deterioro
del concepto de codicia.
Es la misma voluntad,
quizá cuántica,
de lo entero mantenerse entero
y lo roto mantenerse roto.
Vuelvo atrás
en busca de algo que perdí,
olvidé o dejé. Ya no sé.
Como si un cumplimiento absurdo
o una obligación ceñuda
me diera el tono
con que afinar mi vida.
Me retrae la abstracción
del color imposible.
Me pierde la forma
sugerente y cambiante.
Donde ayer hubo pez,
hoy mandorla.
Tal vez exista
ese pliegue de la realidad
donde, en este momento,
alguien escriba algo con sentido.
Ningún rastro va quedando
de este andar cansino.
Ningún mirar acompaña los pasos
que, ignorantes, quieren detenerse
ante el portal del olvido.
Y descansar, al fin.
Cómo tanta duda
puede dar en felicidad.
Quizá haya
una cierta asepsia
en el no entender.
Qué hay de cierto
en lo que la memoria evoca.
Qué pertenece a cuándo,
quién dijo qué.
También ella, la memoria,
juega al escondite
y, de vez en cuando,
a la gallina ciega.
Quizá en cualquier libro
de los tantos a medias leídos;
apartados los unos para mejor ocasión,
otros en olvido sin piedad,
se encuentren las preguntas
que ando buscando.
Como toda ganancia:
cuanto más mejor.
Faustos de pacotilla
con la hacienda se conforman.
Tan afilada
es la duda
que ya convence.
Cómo pretender
seguir limpio,
tal vez hasta crédulo,
ante tanto dolor.
Ya es suficiente.
Ya basta
de utilizar pocas palabras
para un decir
que no tiene futuro.
Exiliado en la quietud
observas cómo tus sentimientos
invalidan tu voluntad.
Qué no llega,
qué tarda ya.
Se pierde,
con el tiempo,
la consistencia de la espera.
Con un fuerte anhelo,
o con la fuerza de un anhelo,
abro todas las puertas;
algunas cerradas,
otras, las más, entreabiertas
para encontrar más puertas;
algunas cerradas,
otras, las más, entreabiertas.
Ritmo lento
de final de algo,
de acabamiento.
Quizá sólo un sopor,
tal vez
un despertar inesperado.
A qué madera asirse
para, en rasante vuelo,
gritar tu inefable nombre.
Cómo
un volar
viene a dar en misterio.
Sabes,
tú sabrás cómo,
qué es el arte.
Llevas en tu piel
un sello de silencio
que es brisa atlántica,
quizá rifeña. Qué más da.
Inch allah
te colme la vida
con mil favores.
(Para Adil Rabih y su familia
con el más sentido agradecimiento )
Hay en la ausencia
algo de pérdida.
Qué queda oculto
cuando apareces, olvido.
Cómo saberlo ahora.
Es la caída
de engañosa lentitud.
En la aparente quietud
lo de arriba cada vez más lejos,
lo de abajo, poco a poco,
más cercano.
Al ajuste de cuentas
acuden,
con perdonable retraso,
los pecados. Las faltas.
No existes, armonía,
sino en mi silencio.
Ahí agonizas
como agua en lugar seco.
El cansancio,
ya mudo,
estalla en expresión.
Igual que de fecundo vientre,
en repentina aparición,
en inesperado sobresalto
asoma el verso.
Un interior
que se sabe cosa.
Un deambular
quizá cansado,
quizá tan sólo distraído.
Un traspiés
cuando la mirada
mira atrás.
Adónde vas.
Hay tardes
en las que el malestar
y el peso del íntimo silencio
son idénticos.
Hay tardes
en las que es posible
un no decir.
Qué sería partir
si la voluntad
igualara a las trabas.
Qué sería partir
si partir
fuera como quedarse
pero en otro lugar.
Otra dimensión.
Otras dimensiones.
Donde la madera,
a la caricia de la brisa,
provoque el llanto.





